¡Viva la sabiduría popular!, que es capaz de transformar algo que podría ser traumático en un motivo de fiesta y alegría. Nos referimos a la caída de los dientes de leche. Para los niños, lejos de ser un drama, se convierte en motivo de alegría ya que significa que recibirán la visita del Ratoncito Pérez. Este simpático personaje de leyenda, cambiará el diente (que el niño debe dejar bajo su almohada por la noche) por un regalo, que suele ser una moneda o una chuche.

Esta tradición no es exclusiva de nuestra cultura. La compartimos con muchos países hispanoamericanos y, en el resto del mundo, hay toda una serie de variantes del personaje. Sin ir más lejos, los países anglosajones cuentan con el Hada de los Dientes, que realiza la misma función. En Italia, el ratón recibe el nombre de Topolino.

Según parece, el origen del Ratoncito Pérez (cuyo nombre de pila es Odón) está en un cuento francés del siglo XVIII. No obstante el personaje, tal como lo conocemos hoy en día, proviene de la imaginación del jesuita Luis Coloma, autor de la novela Jeromín. En 1902 este religioso recibió el encargo de escribir un cuento para el futuro rey Alfonso XIII (al que su madre apodaba Bubi), al que se le empezaban a caer los dientes. Una adaptación libre, y puesta al día, de la narración puede leerse en este enlace.

Luis Coloma situó la vivienda del Ratoncito Pérez en el número ocho de la Calle Arenal, junto a la Puerta del Sol de Madrid. Y precisamente en esa dirección existe una casa museo que puede visitarse todos los días de la semana. Por si fuera poco, en los últimos años se han estrenado dos películas, Pérez el ratoncito de tus sueños, y su secuela, filmes que mezclan imagen real con animación.