En las distancias cortas, nos la jugamos con el aliento. ¿No te ha pasado alguna vez que, mientras hablabas con alguien estabas deseando acabar la conversación porque no aguantabas el olor de su boca? ¿O que te hayan dicho a ti (seguramente alguien de toda confianza) que tu aliento mal?
Y es que se trata de algo más habitual de lo que creemos, ya que es un problema que afecta, en uno u otro momento, a una de cada dos personas. Y eso, son muchas personas… Con frecuencia el origen de la halitosis se relaciona con problemas de estómago, con el consumo de algunos alimentos o con una pobre higiene bucal. Pero según las últimas investigaciones que se están realizando en este campo, el 80% de los casos podrían deberse a enfermedades de las encías.
De entre ellas, la más grave es la enfermedad periodontal (piorrea), una dolencia que de no tratarse a tiempo puede provocar la caída de nuestros dientes. Y el mal aliento podría deberse a los gases que emiten las bacterias responsables de la periodontitis. El mayor problema de esta enfermedad es que no puede curarse, aunque sí pueden aplicarse tratamientos que eviten su avance. Por tanto, es importante frenarla en cuanto se detecta.
La halitosis no debe contemplarse, en la mayoría de los casos, como una enfermedad sino como un síntoma de una dolencia. Por ello es importante prestar atención a otros indicios como la inflamación de las encías o su sangrado cuando utilizamos el cepillo de dientes.
Hay otras causas que pueden provocar, también, la halitosis: úlceras del estómago, falta de higiene bucal, infecciones de origen vírico o bacteriano en la faringe u otros tipos de enfermedades digestivas, renales o respiratorias.
Si el mal aliento se debe a las bacterias bucales, deberemos tratar de reducir su número a través del uso de tratamientos que incluyan Lactato de Zinc o Clorhexidina Cloruro de Cetilpiridinio.
Si en algún momento presentas un cuadro de halitosis, pide cita en nuestra clínica para que podamos buscar el origen y ponerle la solución más adecuada.
